[...] Lavinia daba unos consejos geniales, aunque costaba
entenderlos. Como no tenía lengua, ni manos, es que tenía que estar todo el día detrás de ella con el mocho; que si ayúdame a pasar las páginas del cuento que no tengo manos, que si ábreme esta lata de atún que con los dientes no puedo...
que si frótame la espalda que se me están haciendo costras [...]
Ofelia, Desdemona, Julieta y la otra, la Macbeth pasan sus días tomando caldo de porexpan entre pestañas y sarro, sin hamster y sin sonrisa, con recuerdos de besos, fiestas y flores.
Hasta que él entra en sus vidas (o no) ¡El amor es la hostia! sí.. y el puñetazo... y la patada en los riñones. Puertas, oscuros, canciones y calaveras.
